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Los retos para Justin Trudeau tras las elecciones en Canadá

Para la mayor parte del mundo, Canadá es como un oasis relativamente bien ajustado, pero que, al parecer, se busca problemas.

Pero aunque los canadienses aprecian lo que tienen, no lo ven así. Muchos, de hecho, no lo ven así especialmente después de las elecciones del martes pasado.
Los resultados electorales están dejando ver divisiones regionales que se agudizan y realidades económicas y sociales muy separadas.

Alberta y Saskatchewan, las provincias occidentales que son productoras de petróleo y gas, creen que las provincias orientales más urbanas de Ontario y Quebec no respetan sus preocupaciones frente al declive de la industria de petróleo y gas en Canadá.

Han perdido 100.000 empleos, enfrentan nuevos obstáculos ambientales y sociales para la construcción de tuberías, y sienten que soportan una carga desproporcionada de las leyes sobre cambio climático que impulsa el primer ministro Justin Trudeau.
Y están desconcertados porque el Gobierno canadiense no explota con decisión la abundancia de recursos naturales que existe en el país para beneficiarse de un mundo que, en el futuro inmediato, demanda mucho petróleo y gas.

Se trata de una especie de actualización de una antigua sensación de olvido por parte del Estado que ahora se alimenta por crecientes voces sobre separatismo que han dejado de ser un tema que solo se discute en los márgenes de la sociedad.

El 67 por ciento del voto en estas provincias fue para el Partido Conservador, que históricamente ha defendido sus causas y es el principal rival del Partido Liberal del señor Trudeau.

Fuera del campo de petróleo y gas, la plataforma conservadora sobre cambio climático solo resonaba como las pisadas de un bebé, en lugar de una alternativa seria a lo que Trudeau ha promulgado.

Generalmente (las provincias más urbanas) ven las quejas de Alberta como monótonas e injustificadas.

Destacan que el crecimiento del PIB de Alberta en 2018 fue el cuarto en el país (solo 0,3 por ciento detrás de la provincia líder) y que el déficit presupuestario actual de esta provincia se debe en gran parte a su práctica fiscal de larga data de usar su riqueza petrolera para negociar impuestos más bajos.

Y en lo que también se ve como otra expresión de alienación de larga data, Quebec dio nueva vida a su partido político Bloque (que defiende el nacionalismo de esta provincia y alcanza la tercera votación en las elecciones) para que luche por defender los “intereses de Quebec”, es decir, en general, los intereses de los quebequenses que viven fuera de Montréal (que favorecen en gran medida a Trudeau).

Las propuestas del Bloque fueron atractivas para los quebequenses, que estaban resentidos por el abierto desdén de los principales partidos políticos frente a una ley recientemente promulgada en Quebec que prohíbe a los funcionarios públicos usar símbolos religiosos, y que temían que el gobierno federal forzara la construcción de tuberías no deseada a través de sus centrales hidroeléctricas.Con su control mayoritario del Parlamento reducido a una pluralidad, Trudeau se embarcará en un ejercicio de gobernanza muy diferente.

Ahora tendrá que tener en cuenta las opiniones de los otros partidos políticos en el Parlamento y se preocupará por su propia estabilidad política. Ya ha indicado que no pretende lograr una coalición formal. Esto lo forzará a realizar alianzas transaccionales ad hoc, tema por tema.

Veremos cuánto éxito tiene con ello. Los gobiernos de pluralidad en Canadá son históricamente de corta duración, con un lapso promedio de 18-24 meses.
Trudeau puede estar mejor situado para mantener el control durante un período más largo. Es probable que las partes que ahora tienen el poder para derrocar su gobierno consideren que no es conveniente hacerlo, por diversas razones.

No debería sorprendernos que el desafío principal mas inmediato para Trudeau en la arena doméstica sea manejar el enfrentamiento de las regiones en Canadá por el cambio climático, que sigue siendo pieza central de su gobierno.

Trudeau fue electo hace cuatro años en parte porque prometió revertir la merecida reputación canadiense de ser un paria frente al cambio climático. Además de querer ayudar a liderar una respuesta mundial, Trudeau (y los votantes canadienses) son conscientes de que el Ártico de Canadá está experimentando una degradación ambiental causada por el cambio climático que lo afecta en una proporción que es más del doble del promedio mundial.

Como señala Eric Miller, miembro del Instituto Canadiense de Asuntos Globales, el calentamiento en el Ártico convertirá esta zona en una importante ruta marítima entre Europa y Asia en la próxima década.

Esta y otras oportunidades económicas en un Ártico ligeramente gobernado están atrayendo un interés creciente de China, Estados Unidos y Rusia.

Actualmente, Canadá no tiene un plan para enfrentar el desarrollo del Ártico o la reversión de los peligrosos efectos del cambio climático en esta vasta región. Esto ha aumentado la sensación de ansiedad de los votantes sobre dicho tema.

El 65 por ciento de los votos en el país fue para partidos políticos que respaldan las iniciativas de cambio climático, y casi la mitad de esa cantidad, para partidos que abogan por medidas mucho más agresivas que las propuestas de Trudeau.

La ironía es que al tratar de equilibrar los intereses comerciales y económicos en todo Canadá con las exigencias del cambio climático, Trudeau parece haber disgustado a más personas de las que logró agradar.

Para Canadá, el cambio climático no es el único problema apremiante nacional o internacionalmente.

Desafortunadamente, la mayor parte de la conversación de la campaña se centró en ataques personales y el único debate en inglés al que asistieron todos los líderes del partido fue caótico y sin sentido. E infortunadamente, el debate se adhirió a la premisa quijotesca de la ex primera ministra Kim Campbell, según la cual “una elección no es tiempo para discutir asuntos serios”.

La política internacional no ha tenido un lugar destacado en las recientes campañas federales canadienses.

Sin embargo, fue muy decepcionante que esta campaña pasara por alto los serios desafíos internacionales de Canadá como un “poder medio” que aboga (y a veces sufre) por un comercio internacional justo, la democracia liberal y la inclusión social en un mundo que experimenta cambios de paradigma.

Como señaló Roland Paris, de la Universidad de Ottawa, Canadá debe abordar una serie de preguntas muy sensibles: entre ellas, cómo gestionar sus relaciones con un Estados Unidos muy cambiado, cómo proteger sus intereses económicos y políticos a la luz del creciente proteccionismo internacional en un país que depende en gran medida del comercio y, dado su historia como constructor y firme defensor de las instituciones y normas internacionales, cómo buscar su lugar en un mundo donde la tendencia es ‘el poder lo vuelve correcto’.

Sin embargo, aquellos que observan la política exterior canadiense no deberían esperar muchos cambios relevantes, si es que hay alguno, al menos no como resultado de la presión de otros partidos políticos, cuyas prioridades se encuentran en otros lugares.

Pero no es inconcebible que Trudeau pueda ajustar aspectos de su política exterior para reflejar voces prominentes en Canadá que abogan por un enfoque más en línea con el realpolitik.

Canadá, indudablemente, mantendrá el perfil de alto nivel en las Américas que ha desarrollado el gobierno de Trudeau. Continuará apoyando la adhesión fiel a los términos y el espíritu del proceso de paz en Colombia, y una agenda social, política y económica más amplia en todo el hemisferio. Mantendrá su protagonismo en el Grupo de Lima. Seguirá buscando activamente ampliar su participación en la Alianza del Pacífico y buscará un acuerdo comercial con Mercosur.

Lo hará porque se trata de cuestiones que tocan el núcleo de la política exterior y los principios de Trudeau. En un mundo cada vez más complejo, Canadá está comenzando a darse cuenta de que puede marcar una diferencia en las Américas. Y este punto es reconocido por todos los partidos políticos –una señal positiva, dada la fragmentación política que existe hoy en día en Canadá–.

KEN FRANKEL
​Presidente del Consejo Canadiense para las Américas (Canadian Council for the Americas)

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